2.4.11

Lima: Breaking the silence de Menahem Golan





















Este es uno de los típicos productos instantáneos para la televisión y la distribución en video, que recoge casos de alta atracción noticiosa para el mundo como el hecho de la toma de la Embajada de Japón por miembros del MRTA acaecido en el año 1997, y que resulta inspiración inmediata para este esperpento realizado maquinalmente un año después.

Pero no es sólo eso, sino una de las tantas cintas hecha de estereotipos sobre la psique guerrillera, y sobre "lo peruano": una suerte de simbiosis, para los guionistas estadounidenses, de subproductos culturales de lo chicano, mexicano y latino. Un alma mutante supranacional de interés exótico. Golan en eso es un genio de la chanfaina, de la afrenta histórica y del puro sancochado que gana con la acción y el desparpajo a costa de hacer gracioso y anecdótico un evento sobre la peor laya que rodeó a un presidente tan siniestro como Alberto Fujimori.

Menahem Golan ha dirigido cuarenta filmes, sobre todo de acción olvidables como Halcón con Stallone, y ha sido productor de cintas como Retroceder nunca, rendirse jamás; Cobra, El ninja americano, He-man Amos del universo, la horrible Superman IV, sólo para mencionar algunas cintas muy consumidas en los años ochenta. Pero, sí, con este filme "a la peruana" se anoto un autogol de media cancha con el humor involuntario y la desbordada imaginación para un hecho histórico de graves consecuencias.

El argumento es un disparate, ya que se centra en la figura del guerrillero o terrorista combativo, sublimado, idealizado, un Ché Guevara fashion, como ente en contra del orden visceral establecido, que en suma es uno de los motivos de decenas de películas de Golan sobre mercenarios y tipos con hartas ganas de matar. Héctor Carpa (Serpa Cartolini en la realidad e interpretado por Joe Lara, muy Lorenzo Lamas) es un "activista" que se opone al gobierno del presidente Fujimoro, un personaje caricaturesco encarnado por el actor casi desconocido por estos lares, Robert Ito, y que es opacado como estratega por Billy Drago, el general Monticito Frantacino, el real Vladimiro Montesinos, quien aparece en escena con espíritu militar y aguerrido para comandar todo un operativo de rescate de los secuestrados en una embajada de carácter pluricultural como venganza, ya que Carpa es apresado por Fujimoro.

Lima: Breaking the silence es un bodrio, y es una de las peores películas producida en EEUU, sabe dios con qué intenciones, que coloca a un emerretista como modelo ideológico barato de la heroicidad, despolitizado, sólo vivo por la idea de acabar con el gobierno que lo molesta de modo personal; un filme donde aparecen acciones risibles muy en la onda de MacGyver, con ninjas como militares del comando de rescate Chavín de Huantar. La escena de la rehén bailando tango en pleno cautiverio, y que luego tiene relaciones sexuales con Karpa es de antología. Fratacino quedó como icono benévolo, un chiste de mal gusto.

En la cinta aparecen Christopher Atkins, Julie St. Claire, James Gallagher, como el embajador de Irlanda, Dana Lee como la esposa del embajador de Japón y Angela Korabliova como la esposa del embajador de Rusia, los representantes más visibles de la onda diplomática. Esperemos que en el futuro no tengamos más cintas estadounidenses inspiradas en penosos acontecimientos surgidos en nuestro país, aunque si Keiko entra al gobierno es probable que un personaje como la presidenta Fujimoro se asome.

30.3.11

James y algunas películas





















Esta noche toca James, la banda de Manchester, y la verdad es un evento medio inesperado entre mis deseos de los grupos o cantantes que siempre he querido ver. Born of frustation es una de las canciones de mi banda sonora personal de los trece o catorce años, cuando pensaba que exactamente uno había nacido para la frustración, pero más allá de la letra, me quedaba el grito de indio apache de Tim Booth como modo elocuente de "metaforizar" esas rebeldías existenciales de mi vida pop.

James es un grupo que muy poco atrajo la atención de los cineastas al usar sus canciones en las bandas sonoras, pero hay casos interesantes que no viene mal señalar en una día como hoy:

- The Big White de Mark Mylod con Robin Williams,  Holly Hunter y Giovanni Ribisi . No encuentro en youtube la parte exacta donde aparece la canción Getting away with it (all messed up) de James en esta comedia negra, pero coloco el trailer por si les interesa ver esta cinta estadounidense del año 2005.



Y aquí la canción de James.



La consecuencia del amor de Paolo Sorrentino (Italia, 2004) trae Hello escrita por Booth, cinta sobre la vida de un veterano de la mafia metido desde ocho años en un hotel de lujo.



La canción Hello de James que me parece fantástica.




American pie 3. La boda (EEUU, 2003), dirigida por Jesse Dylan. Laid se oye también en el trailer.



Wonderland de James Cox (EEUU, 1999), sobre la vida del porno star John Holmes. Se escucha Runaground en alguna parte. del filme. Aquí el trailer:




Nowhere de Gregg Araki (EEUU, Francia, 1997) es el tercer filme de este cineasta independiente, que cierra su trilogía como guionista junto a Totally fucked up y The doom generation. Aquí aparece Thursday treatments.

Les deseo buen concierto.



29.3.11

Un hombre lobo americano en Londres de John Landis












Un hombre lobo americano en Londres de John Landis fue estrenada en el mismo año que Aullidos de Joe Dante, en 1981, lo que evidencia que en aquellos tiempos el tema de la licantropía gozó de adeptos y de popularidad, lo que ayudó a convertirlas en las odas más emblemáticas de la conversión bajo la luz de una luna inmensa y del culto a las balas de plata; junto a una tercera cinta que viene bien al caso mencionar, la posterior En compañía de lobos de Neil Jordan. La transformación de hombres en bestias como ejercicios de lo visceral, doloroso y, a la vez, catártico en tres ejemplos paradigmáticos


La cinta de Landis fue un éxito porque propuso una mirada más de pastiche, a través de su sentido del humor negro, hacia las atmósferas góticas en el que se suponen viven los hombres-lobo según el mito (bosques, pueblos alejados, cuevas), sino recordar el inicio de la cinta que da fe de eso, en la taberna rural y de aspecto vikingo La Oveja degollada, a donde llegan dos amigos en busca de posada sin saber que cerca de allí, en medio del camino y de los árboles en plena medianoche, serán atacados y contagiados por la bestia. Pero luego, Landis vira hacia el mundo citadino, de subterráneos, edificios y bares como el que ofrece la Londres ochentera, de tranvías y chiquillos en plena onda punk o dark, donde despierta el protagonista sin saber bien del todo qué tipo de cosa engendrará su cuerpo.

Un hombre lobo americano en Londres es una cinta de mi culto personal, no sólo porque fue un total disfrute en la infancia, algo inexplicable si es que ahora la vuelvo a ver y contemplo las escenas gore, guiños al cine porno y personajes desnudos en pleno ataque (tal como sucedió con Aullidos, otra joya del imaginario infantil irrepetible, porque es evidente que de niña una no le puede dar el contexto más “adulto” de relacionar la pulsión de sexo y bestialidad de modo tan explícito de esta cinta de terror no apta para menores, pero ni modo una se las arregla para hacerla suya de manera más inocente). El hombre lobo en una versión más moderna, con giros argumentales e inevitables al argumento del monstruo de los cuentos, con un final rápido y suelto de huesos, como diciendo que ya no hay más nada qué decir. Así, de hachazo.

Landis le prodiga a este filme una banda sonora muy especial, con temas de Bobby Vinton, Elmer Berstein, el clásico Moondance de Van Morrison y el Bad moon rising de Creedence Clearwater Revival. De antología.

28.3.11

Aullidos de Joe Dante














Hace poco volví a ver Aullidos de Joe Dante, la cinta de terror de 1981, y me pareció tan formidable en su modo de unir o interpretar los estereotipos más comunes relacionados a la licantropía: la ferocidad, el ataque mortal, la dolorosa transformación del hombre en lobo y el excesivo deseo sexual o la caricatura de la libido estratosférica entre infectados y mujeres ingenuas.

En Aullidos, las mujeres no sólo son presas fáciles y rápidas, algo torpes para la huida, sino que gracias al influjo de este mito en vida, pueden participar de esta nueva relación de carnalidad y animalidad, pero claro, donde sobreviven las neuróticas o vehementes como la protagonista, una shockeada Dee Wallace-Stone, una conductora de noticiero que vive acosada por un asesino serial, Eddie Quist, a quien le pone una trampa en vivo y en directo en el canal de televisión donde trabaja, a modo de reality show. La rubia ayuda a capturar al asesino, pero para sobreponerse del trauma es enviada a una extraña colonia, donde le surgen  sospechas de estar en un entorno de licántropos.


Aullidos tiene un comienzo espectacular, que narra una suerte de operativo entre la policía y un canal de televisión, que coloca a Dee Wallace-Stone como anzuelo para capturar al serial killer. Ella, con traje formal del noticiero, entra al lugar pactado con el asesino, una tienda de videos porno, donde será testigo de la transformación de un hombre lobo yuxtapuesto a la proyección de una cinta sobre una violación de ficción en 16 mm. Esta secuencia resulta una de las más emblemáticas de la película, por esa propuesta de enfatizar el tema sexual con el cambio de humano a bestia, como una liberación de lo animal reprimido, por mostrar a la protagonista, como Caperuza, asustada ante un posible ataque y a la espera del cazador certero.

Dante enfatiza de distintas formas, a lo largo de su filme, el tema de la sensualidad oscura o del erotismo caricaturizado de lo femenino, como sucede en el caso de Elisabeth Brook, quien encarna a la ninfómana Marsha Quist, una mujer loba de aspecto enigmático y que logra esa alianza de lo sexualmente liberado y el ansia de la carne cruda. La tipología perfecta de "Mujer loba ardiente". El pleonasmo desde la visión de Dante.

Aullidos es más que su mítica escena de la transformación del humano en lobo (que tiene a una semi oscura enfermería como lugar del evento insólito del terror para los años del estreno, sobre todo porque es parte de una secuencia larga de violencia, y porque expresa las intenciones por ser avanzados en lo animatrónico y en los usos de los efectos especiales en tiempos de obsolescencia tecnológica), es una particular visión del suspenso y del terror que juega muy bien con las atmósferas de la vida en el campo de una secta extraña en pleno siglo XX. Un clásico que no pierde interés.

27.3.11

Catalina Sandino















Siguiendo el estilo de ingreso al cine estadounidense de otros colegas latinos, la carrera de la colombiana Catalina Sandino se disparó hacia el mundo tras su debut en María, llena eres de gracia (2004) del norteamericano Joshua Marston, que le valió una nominación a los premios Oscar. Un papel significativo: el filme se desarrolla en torno a su protagonista, una chiquilla de 17 años que cae en manos del narcotráfico, siendo una de las burriers que van de zonas marginales colombianas a los Estados Unidos, un problema transnacional y que en el filme tiene un tratamiento dramático y ejemplar.

La María del título, jovencísima y embarazada, lleva bolsitas de heroína en su estómago, que ha tragado como si fueran uvas, y es por gracia de su estado que su situación se ve salvada por pura casualidad o milagro celestial. Catalina Sandino se luce en toda la película, mostrando variedad de registros dramáticos, sino recordar la escena en el aeropuerto donde agentes de seguridad le dicen que por estar gestando no puede sacarse una radiografía pese a las sospechas policiales.

Luego Sandino formó parte del elenco de Fast food nation (2006) de Richard Linklater, ficción basada en la investigación de Eric Schlosser, que plantea una mirada ácida sobre la industria alimentaria estadounidense. Sandino comparte roles con Ana Claudia Talancón, encarnando a un par de inmigrantes que se convierten en mano de obra barata de este negocio.

En años recientes, Sandino participó en un episodio de Paris, te amo (2006) y en El amor en tiempos del cólera(2007), trabajos que no tuvieron mayor repercusión. Peor es recordar que participó en una de las cintas de la saga de Crepúsculo, hecho olvidable por donde se le mire.

Quizás su segunda prueba de fuego llegó con el díptico sobre la vida del Che Guevara, dirigido por Steven Soderbergh, El Che y Guerrilla (2008), donde Catalina encarna con vehemencia y en otro registro el papel de Aleida March, quien luego fuera la segunda esposa del mítico personaje.

La situación de Catalina Sandino dentro del panorama del cine latinoamericano se ve en construcción, ya que si bien en su debut llamó la atención con su expresividad y perfil bajo, en sus posteriores trabajos ha dado pasos con reticencia. Sin embargo, en los filmes de Sorderbergh plasma una clara tipología de mujer dura, decidida y preparada que es sello en parte de heroínas (o malvadas) de algunas cintas de la historia del cine latinoamericano, si tenemos en cuenta a Doña Bárbara, por ejemplo (sin llegar a extremos en mi comparación de personajes, Sandino no es María Félix ni mucho menos). Publicado en la revista Ventana Indiscreta.

26.3.11

The day after de Lee Suk- Gyung















Ópera prima de la cineasta coreana Lee Suk- Gyung resulta un filme demasiado inspirado en la estética “Antonioni”. El argumento es sencillo: una mujer recién divorciada, cuarenta años, escritora y conferencista, que vive con su hija de doce años, se ve afectada al enterarse que su ex marido se va a casar. Esta cinta coreana se desvive en tratar de que la protagonista se dé cuenta que el luto ya pasó y que es hora de rehacer su vida, al margen de las decisiones de su ex pareja. El clímax es una conversa con una desconocida con la que comparte el dormitorio. Por ahí algún diálogo interesante, pero nada más.

The day after (Corea, 2008) es un filme íntimo, de tiempos muertos y diálogos largos sobre los fracasos matrimoniales, los divorcios y la vida nuevamente desde la soltería. Es evidente la mirada de la directora sobre este universo de lo femenino incomunicado y en soledad: planos fijos largos que están a la caza de momentos de intimidad a la luz de pequeñas lámparas o simplemente buscar cómo se va formando la hermandad entre personajes distintos pero viviendo las mismas disyuntivas afectivas. The day after da cuenta de la reconstrucción, del volver a empezar, pero de modo muy sutil. Igual tiene interés pese al tiempo lento y al influjo Antonioni.

25.3.11

Gozu de Takashi Miike














El comienzo de Gozu (Japón, 2003) es una afrenta antológica. La secuencia donde se ve a un perro pequeño tomado de la cola y lanzado, luego de varias vueltas, contra una ventana de vidrio, para ver luego como se chorrea muerto frente a los ojos de un grupo de yacuzas propone un universo moral extraño y poco escrupuloso que Takashi Miike ha hecho patente en decenas de filmes.

Con Gozu, Miike realiza su mejor obra, un viaje fìsico a un Japón desequilibrado, de la mano de unos personajes que son arrancados de los clichés del cine asiático más exitoso y de culto, yacuzas que conmueven en su debilidad y en su corporeidad perturbadas por el miedo al maleficio de un dios rural. Gozu en sí no tiene un argumento claro, deja de ser un filme de yacuzas para transformarse en una película surreal, lejos de la acciòn y la matanza, que va a terminar su odisea en una de las escenas más extrañas que ha prodigado el cine asiático, en el parto de un muerto. Gozu es un ejercicio logrado en torno a la culpa desde lo absurdo y a través de un sugerente desparpajo visual. Una mujer madura con senos rebozantes de leche, un hombre con cabeza de vaca, hombres sometidos hasta la humillación por vampiresas extremas de autos descapotables.

Minami, pertenece a un clan de yacuzas algo extravagantes, y luego de una crisis entre los miembros del grupo, es enviado a asesinar a su partner, Ozaki, quien también es su "hermano", quien luego desaparecerá de pronto, iniciando así una serie de sucesos inexplicables que hacen de esta cinta una experiencia singular. Perder el objeto de la misión, y encima que se le dé por muerto, no sólo es un insulto para la honra de un yacuza sino que se convierte de la mano de Miike en el ingreso a un mundo bizarro poco lógico  y en una exploración malsana hacia el amor filial.

Gozu causa inevitables asociaciones al cine de David Lynch, sobre todo a Carretera perdida o a El camino de los sueños, por ser un trip caótico, en la medida que surgen en la ruta de Minami una serie de personajes de extracción irreal, pulsionales y enigmáticos, que a modo de rompecabezas van a ir armando respuestas en torno a la búsqueda del hermano.

Gozu es una maravilla visual, sin limitaciones en el modo de vaciar lo onírico en su lado más escatológico y visceral. Es una película de búsqueda física pero también de viaje interior, una experiencia fascinante que convierte a Miike en un cineasta excepcional, lástima que ya no nos sorprenda de esa manera.


24.3.11

Las peores películas de mi infancia

















Sí que tuve que soportar películas indeseables a tan corta edad. Mi capacidad de discernimiento se estaba formando y mis recién nacidos juicios de valor de niña fervorosa ya cobraban cierto poder cada vez que veía una cinta: si el protagonista me convencía de su hazaña, si me hacía llorar alguna parte de la historia, si me causaba miedo la película más allá de la hora y media del metraje, si se me pegaba alguna canción de la banda sonora o si los efectos especiales eran inexplicables. Los filmes que no cumplían con estos requerimientos pues me aburrían o simplemente pasaban desapercibidos, no servían para los juegos de roles en la hora del recreo del colegio.

¿Qué debía tener una película para que fuera considerada mala?  Pésimos efectos especiales, burdos, de cartón piedra. Actores malos en situaciones inverosímiles, como sucedía con los miembros del grupo Menudo en la serie de cintas que protagonizaron. Muñecos a los que no les creía nada, que se notaban pues esperpentos de algún producto que pudo mejorar. Pero sobre todo, historias aburridas, sin visión de lo que atrapa en el universo infantil. Mi lista de mis peores películas de infancia:



1. Mi amigo Mac. Adefesio por donde se le mire. Copia absurda de la moda de ET, el extraterreste de Spielberg. Stewart Raffill fue el responsable de tamaña ofensa al buen gusto por imaginar un alienígena tan poco amigable. Una aberración aburrida, sin alma, sobre la amistad de un niño parapléjico y un alien envejecido y feo. Un pésimo recuerdo. Aquella persona que me llevó al cine a ver eso, se vengó con creces.




2. Una aventura llamada Menudo. Mi madre era fan de este grupo de chiquillos, y fue la responsable de que en mi cuarto hubiera un poster de ellos pegado en la pared. Lo más lamentable de esta idolatría fue que buscaba que a mí me gustaran las canciones, los bailes, ellos mismos sí, para justificar su gusto adolescente sin mucho bochorno. El resultado, haberme tragado la serie de filmes de los Menudo que se estrenaron en Lima, en medio de griteríos y suspiros por René, Johnny, Miguel, Xabier y de otro que no recuerdo el nombre. La cinta es del año 82, y es probable que la haya visto en el cine Ópera de la avenida Garzón, en Jesús María.




3. Túpac Amaru. Llevarme ver esto al cine Metro en el año 1984 fue una verdadera crueldad. Le tengo una nostalgia especial porque fue la primera y única vez que fui con mi padre al cine, razón por la cual me provoca sentimientos encontrados, sin embargo fue una experiencia insufrible, atosigante, incomprensible. Nunca una película histórica me pareció tan poco creativa. Le puse la cruz a Reynaldo Arenas, el emblemático actor de lo mestizo.




4. Oz, un mundo fantástico. Me arruinó la versión de Fleming. Quizás no sea una mala película, ya que se basa más en los libros sobre el mago que en la adaptación de 1933, sin embargo, en aquellos años me resultó un plomazo con poca verosimilitud, de gallinitas hablando y de un hombre de paja que más se parecía a un disfraz de Halloween. La cinta fue dirigida por Walter Murch y no tuvo el apoyo de la MGM en la distribución.



5. La historia sin fin 2. La cinta es del año noventa y yo no era ya tan infante que digamos, pero sí estaba pendiente de esta secuela de un filme que me había impactado años antes. Dirigida por George Trumbull Miller, La historia sin fin 2 se mandaba de hachazo con un Bastian diferente, y eso ya de por sí arruinaba cualquier identificación con la cinta anterior. Es el típico ejemplo de cómo hacer una mala secuela, con actores de caracteres distintos al tema original y con giros en la puesta en escena que no tienen nada que ver con el espíritu inicial. Para el olvido.


23.3.11

Laberinto de Jim Henson













En el año 1986 cursaba el cuarto grado de primaria, y como ya he comentado en otro post, mis fines de semana estuvieron vinculados a pasar la tarde en diversas salas de cine de Lima, que en esos tiempos lucía caótica, rara, algo desvaída. Una de las cintas más emblemáticas de aquellos años, tiempo en el cual mis padres se estaban divorciando, fue Laberinto de Jim Henson, que significó una vía de escape a todo ese estrés infantil que me aterrizaba de plano en la vida común de los mortales.

Para mis recuerdos de infancia, Laberinto fue más que una experiencia cinematográfica, fue descubrir algo más de un cantante andrógino que hacía de rey duende, al que apenas si notaba que tenía una voz inusual para cantar; fue conocer el lado glam de los magos del cine fantástico de Hollywood de la mano de este David Bowie, y fue tener más luces de la parafernalia alucinada que me había prodigado años antes una cinta tan maravillosa como El cristal encantado, del mismo Henson. Pero sobre todo, Laberinto fue excusa de reuniones familiares, de primos intentando imitar el acto de magia con unas esferas que hace Bowie en la famosa escena en la habitación de Jennifer Connelly. Los ejercicios devinieron en ridículos e inútiles.

Laberinto (EEUU, 1986), producida por George Lucas, resulta aún una cinta atractiva hoy en día, por tratarse de una cinta fantástica de argumento naif, inspirado en Alicia en el país de las maravillas y en El mago de Oz, pero desde un ángulo de ribetes góticos y menos surrealistas o dislocados que sus referentes. Aquí la Connelly luce desconfiada, sin temor a enfrentarse al tramposo Bowie, ya que debe recuperar al hermano raptado a punto de convertirse en un Goblin.

Cosas que me llamaron la atención a los nueve años: no tenía idea quién era Maurits Cornelis Escher, pero un tío me explicó que se trataba de un artista que le gustaba ufanarse de hacer aguerridas obras mandando al diablo las ideas convencionales que tenemos del espacio, lo que me dejó con la boca abierta, pues en una de esas escenas se ve a la Connelly perdida en unas escaleras de cabeza. Otro punto, el tema Magic Dance, uno de los cinco temas que Bowie compuso para este filme, puesto que sí me pareció extravagante que los duendes estuvieran como embriagados y medio seductores ante la impresionante presencia de una adolescente como Connelly. Laberinto y Henson son inmortales.

21.3.11

Iron Maiden: Flight 666 de Sam Dunn














¿Qué hace a este documental una experiencia inusual más allá de ser fan o no de Iron Maiden? Sam Dunn logra la esencia de lo que está construída la mitad de la música: el furor del fan; captura el delirio, la devoción, el real fanatismo en su versión semántica menos maligna, al dibujarlos en cada plano como seres entregados al culto de uno de los grupos más emblemáticos del heavy metal como si el mundo se fuera a acabar. Iron Maiden: Flight 666 (EEUU, 2009) es un documental sobre una gira realizada por la banda en el año 2008, a diversos lugares del mundo, y que va configurando el panorama dentro y fuera del escenario. El Air force one como el hilo conductor de este viaje nada celestial.

India, Japón,  EEUU, Canadá, Australia, México, Santiago de Chile, Buenos Aires, Costa Rica, como algunos de los escenarios al que llega el Boing piloteado por el mismo front man, Bruce Dickinson, como vehículo que transporta a la banda a cada punto del Somewhere back in time world Tour. No importa mucho donde pasa la banda sus horas de ocio, sino mostrar los prolegómenos a los conciertos en cada recinto: las colas, la zona de revisión de bolsos, la excitación de estar cerca a los ídolos, la parafernalia de la espera. Dunn, también con ojo de fan, va a la caza de los fanáticos más devotos, los que sueltan el llanto en las canciones más épicas, aquellos que no se pueden creer que la dama de hierro esté tocando muy cerca ( y sobre todo, en un país pequeño y sin tradición de conciertos como Costa Rica, por ejemplo).

Más de 50 mil millas de vuelo, un viaje por cinco continentes y 23 conciertos en sólo 45 días es la premisa que pretende mostrar temporalmente este documental. La gira, que comenzó el 30 de enero de 2008,  es un tour de force de energía, que contiene entrevistas a la banda, a los fans en los mismos conciertos, y al personal técnico que acompaña al grupo. Sam Dunn, responsable de películas como Metal: a headbanger's journey y Global Metal, realiza un trabajo sin demasiado ornamento, sólo ser "real" en transmitir el cariño del público, así sea en alguna ciudad de Japón o Brasil. Lo mejor de Fligh 666 aparece en la filmación de los conciertos, en el montaje práctico y rítmico, y, sobre todo, en la calidad del audio, valorada en cada canción. Una película obligada para la historia del fan.

20.3.11

Severed Ways: The norse discovery of América de Tony Stone

















La cinta estadounidense Severed Ways: The norse discovery of America de Tony Stone trata sobre la llegada a este continente de dos jóvenes vikingos en el año 1007 D.C., y reivindica así la tesis de que los bárbaros nórdicos llegaron mucho antes que los españoles a estas tierras. Pero no sólo la premisa sobre estos aguerridos pelirrojos como primeros colonos resulta osada, sino que el modo en que el cineasta Tony Stone incluye a headbangers y harto metal como banda sonora resulta anodina. El toque de ruptura temporal, de edad antigua más metal, aporta al pastiche y al esperpento, pero Stone logra librarse del chiste para hacer una película algo lenta pero inusual sobre el descubrimiento de América.

La película contiene planos larguísimos de paisajes que se ven mínimamente alterados por apenas perceptibles movimientos o por la aparición de los protagonistas, una suerte de hombres primitivos que tienen la pinta de haber estado acampando en las afueras de algún concierto de black metal. Me llamó la atención el encuentro de los vikingos con algunos jesuitas que leían a Santo Tomás en medio de una cascada y la fascinación del director por mostrar entornos naturales vírgenes, y por lucir la fauna y flora que aparecen como parte de un ecosistema recio y hostil.

Severed ways se ambienta en el siglo XI, tras los resultados de una batalla entre indígenas y vikingos, donde vemos a dos sobrevivientes en la zona costera de los hoy EEUU (encarnados por el mismo director Tony Stone y el actor Fiore Tedesco), luchar en un clima poco clemente. Lo más interesante es el uso de la música, lo que propicia un anacronismo de carácter diletante: Morbid angel, Judas Priest, Queens of the stone age, para mencionar a los más conocidos. Un viaje raro y de ritmo fuerte.




19.3.11

Destricted o el sexo sin restricciones

















Destricted (EEUU, Inglaterra, 2006) está formada por una serie de cortometrajes de corte pornográfico, cuyo valor agregado reside en la autoría a cargo de videoartistas, pero también de cineastas  reconocidos por sus afrentas estéticas, quienes van a dar lecturas diferentes a este género de lo evidente. Si bien no hay un tema común, salvo el sexo explícito, la intención se centra en la idea de mostrar diferentes posturas sobre el placer y de cómo la cámara aporta de modo personal a esta búsqueda. Es decir, no se trata de la típica óptica de las cintas pornográficas, sino que en algunos casos se deconstruyen, se reinterpretan o se satirizan estos enfoques. Mas bien un sutil sentido del humor (y en pocos casos, muy negro) podría ser el lugar común en este grupo de cortometrajes de diverso calibre.

Balkan erotic epic
, dirigido por  Marina Abramović, una artista serbia de la performance, presenta un tema disfrazado de falso estudio antropológico. Una interlocutora de aspecto serio y afán de dilucidar costumbres de una cultura exótica, va a describir con un estilo didáctico una serie de hechos curiosos de la sexualidad en los Balcanes, a través de viñetas animadas o de planos coloridos de rituales en el campo. Analiza, no con poco humor, quizás lo que hace medio chirriante este corto, la relación entre autosatisfacción sexual y los ciclos de la naturaleza. Mujeres que se masturban con la lluvia, hombres que eyaculan en los campos para invocar a la fertilidad de la tierra. El amago de estudio de las extrañezas sexuales de una comunidad apartada o que preserva sus costumbres (hombres que se masturban en orificios de un puente antes de casarse, mujeres que duermen con un pescado en la vagina) tiene la carga de la ironía por exotizar incluso estos aspectos de la vida de las culturas, y en eso Marina Abramović es ácida y directa.

Sync, dirigido por el artista y realizador italiano Marco Brambilla es un found footage de centenas de tomas de películas pornos, editadas de modo enérgico y ultra rápido a ritmo de un solo de batería jazzeado. En la rapidez del montaje se puede notar una ilación a partir de diversas partes de los cuerpos o de las poses, sin embargo no tiene pretensiones ni mayores argucias. Sólo una serie de disparos visuales.

House Call, corto dirigido por el fotógrafo y pintor estadounidense Richard Prince, es una recreación a partir de la regrabación de un video porno de los años sesenta, por lo que la textura de imagen agotada, se contrasta con la banda sonora de sintetizadores. La típica historia del doctor y la paciente muestra algunos clichés de los juegos de roles, pero eso es lo de menos, ya que Prince trata de dar otro tipo de "atmósfera" a las felaciones o cunnilinguis, eliminando el sonido ambiental. La cámara que graba un televisor parece ser la intención, pero luego de eso no hay más experimentación o juego.

Death Valley, trabajo de la artista británica Sam Taylor-Wood se centra en un único plano de un tipo masturbándose y eyaculando en medio del desierto de Death Valley. La inutilidad del esperma en este lugar inhóspito quizás sea la metáfora evidente en este valle de la muerte.

Hoist, dirigido por el famoso Matthew Barney (quien alguna vez estuvo en Lima), es el mejor de todos los cortos de la serie, no sólo porque responde al universo que este artista ha mostrado a lo largo de todos estos años (un amago de brutalidad o animalidad que surgen de pronto o se mimetizan con lo humano), sino porque es claro en esa intencionalidad de fusionar mitos, sexo y máquina. Un hombre de aspecto tribal, cuyo cuerpo exhibe textura de tierra y plantas, yace en alguna parte de una inmensa máquina usada en las construcciones, tipo Caterpillar, y se ve plácido al frotar su miembro en una suerte de cono lechoso que gira. El efecto es espectacular.

En este corto, Barney propone dos tipos de contextos: al inicio, el plano cercano de un pene negro sobre piel blanca que va creciendo a modo de oruga. Luego diversos planos sobre el trabajo nocturno en una construcción, donde se muestra la típica analogía de la máquina erecta y el falo. Lo masculino en su propia mitología.

We fuck alone, corto de Gaspar Noé, el director de Irreversible, es un ejercicio pretencioso de 23 minutos atosigantes sobre la masturbación adolescente como acto de perversión y ostracismo. En dos espacios diferentes, dos muchachos (una chica desnuda de aspecto "candy" que juega con su enorme oso de peluche, y un chico de aspecto neonazi con muñeca inflable) ven la misma película porno, que mostraría el acto sexual consumado y "real". Noé usa el recurso de la edición intermitente, dando el ambiente propicio para lo caótico y enclaustrante, para mostrar que dos adolescentes con ganas de copular, se divierten solos, razón por la cual resultan patéticos y odiables.

Impaled, de Larry Clark. Filmada a modo de falso documental, Clark graba como si fuera el regente de un casting, a decena de adolescente quienes le hablan con sinceridad sobre sus experiencias sexuales. Luego caemos en cuenta que se trata de elegir a uno de esos chicos para que se entreviste con actrices de películas porno, entre la cuales tiene que elegir a una como partner en una cinta hardcore. Elige a la más "experimentada". El resultado, un corto de progresiones, de captura de gestos, que atrapa más allá del sexo la idea de lo "real" que ofrece el porno como género. De interés.

18.3.11

Hunger de Steve McQueen





















Es inevitable asociar el nombre de este cineasta y artista británico con el otrora actor de Hollywood, ya desaparecido, cuya fisonomía recia y malandra se asocia comúnmente a fugas, cárceles y motines. Sin embargo, pese a la homonimia, lo único que une a estos dos personajes es la palabra cine, puesto que Steve McQueen nació en 1969 y es un reputado videoartista de la reinterpretación y el relato corto y conceptual, ganador de la Camera D’or en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes del año 2009 por su ópera prima Hunger.

Hunger nos mete de lleno, de un modo brutal, a una prisión de presos políticos del IRA en la cárcel de Long Kesh a comienzos de los años ochenta, para así conocer al personaje de Bobby Sands (encarnado por el espléndido Michael Fassbender ), un republicano y miembro del IRA, condenado a catorce años de cárcel, lugar donde inicia una huelga de hambre fatal debido a un reclamo no atendido hacia su partido. Se trata de un caso real, ya icono en el campo de la lucha por los derechos humanos.
Hunger (Inglaterra, 2008) es una cinta que se debe ver con el estómago vacío, es visceral, porque transita en los lugares comunes de la vida carcelaria, pero lo hace de manera seca, de escasos diálogos, de escatología directa, con planos cercanos a la violencia, contrapicados dentro de las celdas, secuencias de sueños de libertad inconclusos a modo de escape.

La cinta se divide en tres partes; la primera nos introduce en la vida misma de la prisión, con sus celdas embarradas de heces por los mismos reos políticos como ensayo de protesta, en una suerte de huelga de “limpieza”, haciéndose imposible cualquier comunicación en ese contexto pestilente y nauseabundo. La segunda parte es un plano secuencia de veinte minutos, que concentra uno de los sucesos más interesantes que he visto en los últimos tiempos: el plano general de un diálogo frontal entre Bobby y un cura, al que le cuenta que va a entrar en huelga de hambre, motivando una reflexión de alto calibre bajo el influjo del humo del cigarro. La tercera parte es la resolución de la naturaleza de la protesta, el extremo de la huelga de hambre.

Un director que sorprende con esta su primera película. Una película imprescindible e implacable.