15.3.11

Election de Alexander Payne


En estas épocas de elecciones presidenciales y congresales peruanas, con este huayco propagandístico que incluye cholobuses, pepekuyes, bailes reguetoneros de candidatos con fallas lumbares congénitas, con debates folclóricos de verbo bizarro y afiches con lemas anodinos, vale la pena recordar una película deliciosa sobre estas épocas de reyertas y planes de gobierno flojos. Election (EEUU, 1999) de Alexander Payne, el director de Entre copas, es una cinta ambientada en una preparatoria, donde unos estudiantes, con perfiles típicos del universo adolescente que ha masificado Hollywood (el nerd, el popular, el deportista, la tonta, la sabelotodo), se meten de lleno a usar diferentes estrategias de la sucia política con tal de salir elegidos como representantes de la junta estudiantil.

Matthew Broderick es el profesor disuasivo, con una idea barata de la mecánica de la democracia ("tenemos que elegir, no podemos tener solo manzanas, sino también naranjas, otras frutas", se le oye decir en alguna escena), que promueve la participación de los alumnos menos idóneos para el cargo, con tal de hacerle frente a la autosuficiente y arribista Reese Witherspoon, en uno de sus mejores papeles como actriz. Payne aprovecha el contexto de una escuela secundaria para usar todos los referentes posibles en tiempos de elecciones, con su parafernalia y el típico modelo demagógico y aprehensivo de los grandes oradores y políticos profesionales. 

La repelencia entre los personajes de Broderick y Witherspoon es antológica, así como la narración en primera persona de la estudiante visceral y vehemente frente a los artilugios por consumar un proceso democrático. Las falacias de "la democracia" en el sistema político estadounidense mostradas con un humor ácido y con un estilo directo convierten a esta comedia en una película que podemos disfrutar con creces en esta temporada antes de ir a las urnas.

14.3.11

Prostitución clandestina de Alain Payet





















Es la primera vez que escribo sobre un película que no he visto. Mi interés surge tras una conversa con colegas, quienes me contaron anécdotas sobre la primera proyección en una sala comercial de una cinta porno en el Perú, a comienzos de los años ochenta, luego de periodo de censura y dictadura militar. Prostitución clandestina de Alain Payet, cinta porno francesa convencional, de 1972, fue todo un hito dentro de la historia de la exhibición de películas de ese corte en este país, no tanto por su tema, sino porque simbolizó el cambio y la apertura en los modos de sentir y apreciar nueva expresiones en el cine en tiempos de Fernando Belaúnde Terry.

Antes de entrar al contexto en que la cinta fue estrenada, Prostitución clandestina pertenece a esa horda de películas francesas, dirigidas por el mismo Payet, que entran a la denominación de Hard CRAD, que ya no es muy usada, y que se refiere al toque "espectacular" o diferente que pueden llegar a tener los encuentros sexuales. Si bien Payet hizo patente este gusto de filmar lo diferente (mujeres de senos enormes, orgías de mujeres obesas, enanos, con comida, con objetos estimulantes, etc.), a mediados de los ochenta, esta cinta posee la peculiaridad de ser la primera obra de Payet en acaparar atención mundial y de abrirle una carrera de títulos tan sutiles desde María la sucia” (1979) hasta Hazlo con ahínco de viernes a domingo (2006). Payet también incursionó en el porno-nazi con Tren especial para Hitler (1977) y Nathalie escapa del infierno nazi(1977).

La cinta de Payet trata de un red de prostitución disfrazada como agencia de modelos, quienes van a domicilio a dar servicios para "fotógrafos". Y por lo visto, la trama de situaciones y glamour bastó para captar la atención de los distribuidores, quienes diez años después de su aparición en Europa fue estrenada en Lima, en el cine San Martín, ubicado en la plaza del mismo nombre (al que recuerdo como cine Plaza), en el centro de la capital. Fue difundida como la primera película porno en sala comercial, razón por la cual fue un suceso de taquilla que duró semanas. Las largas colas luego de las once de la noche, donde encontrabas a académicos, estudiantes, artistas,  obreros,  confirmaban este furor del público cinéfilo, ansioso por acudir a este tipo de salas como en cualquier ciudad moderna del mundo. Payet cumplió el sueño de miles de limeños, pero dudo que alguien lo recuerde como el motivador de una corriente que poco a poco ha ido muriendo en el écran capitalino para mutar en otras formas más comunes de distribución.


13.3.11

Peyote queen de Storm De Hirsch

















Storm De Hirsch es una cineasta newyorkina cuyos trabajos figuran dentro de la época más dura del cine under de esa ciudad a mediados de los años sesenta. También poeta, De Hirsch fue una de las fundadoras de la Film-makers' Cooperative, y la mayor parte de su trabajo como realizadora permaneció en la invisibilidad hasta épocas recientes y hasta que la crítica feminista la trajo de nuevo  a la "vida" pero para incluirla, como se debe, dentro de la historia del cine experimental, junto a nombres como Jonas Mekas o Stan Brakhage, por ejemplo.

De Hirsch realizó una decena de cortos de corte vanguardista en su técnica (generalmente rasgados o dibujos en los mismos fotogramas y en la emulsión), y rodados en 16mm, muchos de ellos con una óptica peculiar de intervenir el fotograma, orientada a la abstracción y a la fusión temática de lo femenino con diversos objetos y materias. Journey around a zero (1963), Shaman, a tapestry for sorcerers (1967), Third eye butterfly (1968) son algunas de sus obras de auscultación.

Peyote queen (EEUU, 1965) es uno de los cortometrajes más conocidos de De Hirsch, y cobra menciones en balances sobre cine lisérgico, a partir del mismo título y por la evidente intención de simular un tipo de trance cuatripartito, caótico y lúdico. En este trabajo hay una clara intención por lograr la abstracción a través de repeticiones de lo figurativo, pero también por imbuir en un marco caleidoscópico a fragmentos de personajes femeninos (senos, pezones atrapados en un juego de espejos). 


Peyote queen tiene dos tempos marcados por la música; primero, una parte de carácter más tribal, asociada a la génesis mítica del uso de este cáctus oriundo de México, y una segunda parte asociada a un tema más de "ciudad" y de gusto popular estadounidense. Las imágenes no intentan reflejar recuerdos o circunstancias reales de un "psychotrip", sino de indagar sobre los modos de ver y de crear esas abstracciones: rayas blancas sobre el fotograma, esbozos de furia, estallidos de color fragmentados, y el juego de espejos del caleidoscopio.




12.3.11

El peleador de David O. Russell















El box es mi placer culposo. Monzón, Mano de Piedra Durán, Tyson, Foreman también fueron parte de la infancia compartida con mi padre, quien era amante de este deporte de contacto. Ya con los años fui perdiendo la costumbre de ver las peleas en la tele, cosa que era común los sábados por la noche durante buena parte de los años ochenta. Es decir, una que otra vez entoné con las peleas programadas en HBO, pero así, de modo casi discreto, como de "quien no quiere la cosa".

Por ende, las películas sobre boxeadores siempre me significaron un modo de conectarme con esta afición, desde Marcado por el odio de Robert Wise, pasando por El toro salvaje de Scorsese, Rocky de John G. Avildsen, Gatica el Mono de Leonardo Favio hasta Million Dollar Baby de Clint Eastwood, para mencionar algunos ejemplos. A estas menciones se une, El peleador, (EEUU, 2010) una excelente película, que precisamente nos acerca al personaje de "Irish" Micky Ward (Mark Walhberg) a través de una cámara que registra las peleas de modo televisivo, con goce de la textura del digital y con poco timoratos primeros planos en combate.


El peleador parece una convencional película de box, una cinta de aprendizaje de un joven en ascenso, que tiene que lidiar con Dicky, su entrenador y hermano adicto al crack (un estupendo Christian Bale) y con su neurótica madre Alice, encarnada por una mimetizada Melissa Leo, para poder salir del anonimato. Sin embargo, el guión permite engranar una problemática más allá del ring del box, centrada en el retrato de los dos protagonistas en una relación de dependencia filial, propiciada por lazos de poder con la madre protectora y modeladora de vida de sus hijos en extremo. Este ingreso al núcleo familiar, mostrada de manera notable en la escena inicial de la reunión en el bar,una suerte de matriarcado liderado por la madre de aspecto juvenil y secundado por siete hermanas feas y solteras, va a permitir un cuestionamiento sobre el rol de la familia dentro de la carrera del boxeador, ya como traba al éxito deportivo.


David O. Russell tiene claro que la película se sostiene en las actuaciones de Bale y Walhberg, es decir, en la dicotomía que establecen en su acercamiento y distaciamiento, en su seca relación de entrenador fallido y de discípulo mudo. Mientras, el encuentro de Walhberg y Amy Adams es el punto de quiebre, el trueque figurativo de la figura maternal.


El típico retrato del boxeador maldito (lúmpen, de personalidad violenta o tanática, adicto) aquí es el contraejemplo. Bale despide gestos sublimes, caminar desquiciado, habla fresca, autoestima nostálgica, el viejo sueño del peleador irrepetible. Y en la otra esquina, Wahlberg extremadamente físico, de espalda sudorosa, de training hiperinflado y responsable de una personalidad fácilmente influenciable, impedido de romper con los trazos familiares y funestos.


Las peleas tienen la sensibilidad del propio movimiento de la contienda, del boxeador loser tocado por un halo de gracia en el minuto final. El "cabeza-cuerpo, cabeza-cuerpo", una suerte de "encerar-pulir" a lo Karate Kid, define una pobre estrategia de combate, inverosímil como descriptor de una técnica que lleva al triunfo, sin embargo, es el lema del vínculo filial establecido, el "ábrete sésamo" que funciona como adrenalina en el hermano domable. El peleador asumido como máquina de estímulos pavlovianos y eso es lo que emociona.


9.3.11

Flores rotas de Jim Jarmusch













Jim Jarmusch suele hacer largos que recordamos de modo especial por su banda sonora (blues o jazz, aunque también algo de hip hop). La música como poderoso elemento catalizador es el que más ayuda a evocar a los personas como en Extraños en el paraíso y sus largos travellings acompasados por las estridencias salvajes de Screamin' Jay Hawkins en I put a spell on you, leit motiv que contrasta con el vago letargo de los personajes y el minimalismo en la composición de las imágenes. Hawkins aparecería luego en un loco y breve papel en Mystery train del mismo director.

Algo similar pasa con Tom Waits, no sólo como compositor de las bandas sonoras de otros proyectos del director (Bajo el peso de la ley, Night on Earth), sino también como actor. Jockey full of Bourbon se disfruta en Bajo el peso de la ley, donde comparte parcos roles con Roberto Begnini y John Lurie.

Flores rotas no escapa al cuidado que el director independiente pone cuando escoge la música que acompañará sus escenas. Cuenta la leyenda que Jarmusch hizo este filme pensando en lo que le despertaba el ritmo de una canciones de un músico africano, editadas hace más de treinta años. Se trata del jazzista etíope Mulatu Astatke, impulsor del "ethnio jazz", una mezcla de sonidos africanos, tanto de influencia negra como árabe, y de un jazz refinado y nuevaolero.

El tema Yerkeme Sew dictamina la cadencia del viaje en auto de Bill Murray, por las carreteras monótonas de EEUU, de acuerdo a la misma sensibilidad del protagonista, quien revela aburrirse si es que no está en movimiento y al compás de este ritmo. Además de esta canción se escuchan temas de The tenors, Marvin Gaye y The Greenhorns, pero en Flores rotas, las intervenciones de Astatke dan a la película el toque nostálgico necesario, la melodía de la vuelta al pasado que realiza Murray en lo profundo de su corazón.


8.3.11

Richard Kern















Para empezar, Richard Kern es un cineasta under de Nueva York que me cae muy bien, aunque por ahora anda en la inactividad. En sus videos, cortos y fotografías muestra una fascinación por auscultar los cuerpos femeninos desde ángulos obtusos, desde la simbiosis con el fetiche (pistolas, metralletas, cuchillos), en la furia exhibida en sudores y gruñidos, en la necesidad de la reyerta conspiratoria contra lo aburrido y canónico. Kern sabe cómo provocar.

Kern dirigió Death Valley '69, el primer video de Sonic Youth, filmado en 1985, donde aparece la excéntrica y polémica cantante Lydia Lunch dando rienda suelta a su furia contra el amor y paz del universo, bajo el influjo de los serial killers a lo Masacre en Texas. Cámaras violentas, planos secuencia vertiginosos, y tomas de una banda que evita mostrar el rostro. Kern llama la atención con este video, y poco a poco se iría convirtiendo en una figura llamativa de la contracultura estadounidense.

Luego del video de los Sonic, Kern dirigió dos cortos iniciales, Woman at the wheel (1985) y You killed me first (1985), que ya lucían el gusto del cineasta por indagar en los confines de los cuerpos agredidos, vejados, pero también eufóricos y atacantes a modo de protesta.

En You killed me first, Kern hace afrenta a la estética del cine más convencional y se inclina por un encuadre sucio, movimientos inexpertos, giros amateur, de intenciones arrojadas contra la hipocresía de la clase media. Lung Leg, actriz fetiche de Kern, encarna a una hija oveja negra, que harta de tanta humillación por parte de sus padres, decide vengarse a sangre fría. Insultos, pésimas atmósferas, cenas de espíritu desagradable y alguna que otra escena obscena, hacen de este corto un acercamiento al cine de Waters, por ejemplo, en su humor y desgarbado tono irreverente.

Lung Leg se llena de ira mientras Kern, explica a través de un torpe flashback, cómo es que ella va a llegar al estallido, para soltar el "You killed me first" a su madre, que muere acribillada de manera antológica. Años más tarde, la portada de Evol de los Sonic Youth tendría un fotograma con el rostro de Leg, extraído del Submit to me, otro corto del mismo Kern. Con eso, la espléndida Lung Leg pasa a la posteridad.


You killed me first (1985)



Otros trabajos de Kern:

Stray dogs (1985)




X is Y (1990)



El primer video de Sonic Youth (1985)



7.3.11

Sanctum de Alister Grierson















Nuevamente un filme de supervivencia en la cartelera, como si en estos tiempos la analogía con las situaciones extremas sirvieran de catalizador al espectador atosigado de estrés. Sino cómo justificar que en una semana estén en las mismas salas cintas de tensión como Sanctum del australiano Alister Grierson, 127 horas de Danny Boyle o Muerte en la montaña de Adam Green, todas sobre personas atrapadas en escenarios naturales hostiles por la casualidad o el cambio climático.

Sanctum da cuenta de una expedición de submarinistas en unas cuevas profundas de Papua Nueva Guinea, quienes quedan atrapados en las profundidades tras la llegada de una tormenta tropical y tras el colapso de la salidas de escape. El tema por sí es convencional, es decir, ya se sabe que cada uno de los que forman este equipo de valientes verá a prueba su fortaleza y, poco a poco,  irán desapareciendo de acuerdo a sus "errores". No existe alguna atrevida revelación al señalar la desaparición de cada uno de los miembros de este equipo de aventureros, pues parte de la lógica de este subgénero trata de que sobrevive el más fuerte, el menos emotivo y el más cuerdo.

El actor australiano Richard Roxburgh encarna a un veterano submarinista, quien es juzgado de modo duro, debido a un carácter recio e inquebrantable, por su hijo adolescente y experto escalador Rhys Wakefield, quien a la vez se verá imbuido en un aprendizaje forzoso del amor paternal. La relación ambivalente entre ambos será el eje argumental de la cinta, así como el tira y afloja, con otros personajes, en momentos de descompresión y ataques de pánico.

Sanctum, producida por James Cameron, y filmada con cámaras para lucimiento del 3D (notable la cinematografía submarina y el efecto de dimensionalidad y claustrofobia que se crea en la pantalla) recoge algo del espíritu de texturas que tiene una cinta como Avatar. Buzos en tensa faena, cavernas iluminadas por apenas fosforescencias, salidas a las superficie que contienen la metáfora de la liberación. Rayos de luz que se asoman a lo lejos, estalactitas que configuran catedrales, ausencia de vida acuática. Sanctum es fascinante visualmente, a pesar que se trata de una cinta más de cómo salir de una caverna en tres días.

6.3.11

127 horas de Danny Boyle

















Con esta cinta, Danny Boyle quiere recuperar un poco su estética psicodélica o de símil de trip lisérgico que hiciera patente en sus primeros filmes, sobre todo en Trainspotting, pero guardando las distancias. Sin embargo, 127 horas es una película menos pretenciosa al ser un tratado de una mente en crisis de supervivencia, representada a través de una cámara ansiosa, pantalla tripartita y ángulos picados y cercanos.

Digamos que 127 horas intenta ser, sólo en la superficie, un trágico relato sobre Aron Ralston, el alpinista y montañista que queda atrapado del brazo por una inmensa roca, en un alejado cañón en el desierto de Utah. Cinco días metido en una suerte de trampa, con poca agua y escasos recursos que lo inviten al escape. Sin embargo, Boyle le va a dar un toque de humor sardónico y negro a las alucinaciones del deportista, motivadas por la extrema sed y la deshidratación. Soñar con un estallido de Coca cola o Sprite en medio del desierto o decir que una navaja hecha en China no permite cortarte la piel tienen el acento de la burla y el desquite ante la posibilidad de la muerte.  Por ejempo, tomar los orines tienen la misma intensidad dramática que una inyección de heroína en la película sobre unos chicos de Escocia.

La cinta parece agotarse en ese aleccionamiento de la supervivencia, que en realidad es lo más convencional de la cinta, el verse atrapado en medio del desierto, con la certeza de que por allí no transita ni un alma, y que implica mea culpas y el típico "en busca del tiempo perdido": "esta piedra ha estado esperando miles de años para encontrarme". Boyle dota a su personaje de diversos matices actorales en las diferentes alucinaciones y recuerdos, en sus sueños de fuga, en su hambre, en su vuelta al pasado. Si bien estos flashbacks o deseos tienen un carga sentimental e incluso semi cursi, propios del personaje en crisis, Boyle no logra separarse de cierto sentimentalismo o aura transcendental que se enfatiza con una banda sonora compuesta por A. R. Rahman, y que resulta efectiva y en algunos casos grandilocuente.

Lo mejor de 127 horas (EEUU, Inglaterra, 2010) es la manera en que Boyle conduce la liberación de su personaje, que tiene la inspiración de la limpieza espiritual o del psicotrip enema,  en los planos de James Franco mientras busca agua o pide ayuda, bajo el influjo de los estupendos Sigur Ros, quizás la banda sonora perfecta para este tipo de recomposición emocional. Si bien 127 horas parece un manual de autoayuda bizarro, guarda cierto interés en la puesta en escena inusual para este tipo de lecciones de vida.

5.3.11

El ojo de Danny y Oxide Pang


















Hong Kong, país que a partir de los noventa desarrolló una tradición del horror más ligada a una mezcla del gore con acción y toques escatológicos y chirriantes, como los clásicos Untold story o Biozombie, también recuperó dentro de su industria fílmica los motivos del cine japonés de terror que estuvieron de moda a mediados de los años dosmiles, y donde presentan relaciones sobrenaturales melancólicas y simbióticas. Los Pang Brothers fueron, y son, cineastas que contribuyeron a esta hornada del fantástico asiático y fueron los responsables de un fenómeno llamado The eye (con varias secuelas), todo un éxito de taquilla y referente obligado sobre el típico fantasma de cabellera negra y palidez rara.

En El ojo (Hong Kong, 2005), una chica ciega recupera la vista tras una operación de córneas. Empieza reconocer los objetos, y a personas, pero también a fantasmas, a quienes confunde con los vivos. Conoce la desazón del sentido recuperado cuando percibe que la vista le ofrece también nuevas ansiedades. En este sentido, los hermanos Pang plasman de manera efectiva la tragedia de una joven que se decepciona tras "ver" su realidad. Este desencanto se anuncia desde la primera secuencia, que presenta a la protagonista tanteando con su bastón en plena estación del metro, ante la prisa de la cotidianeidad, pero prefiere seguir en su mundo de imaginación, dejando la duda al espectador sobre lo que ve.

El ojo es un referente importante en el cine asiático de terror, muestra cierta creatividad e ingenio en el modo en que se presentan los aparecidos para "asustar" al espectador, en el uso de la parte por el todo., por ejemplo. Si bien el argumento de El ojo tiene relación con Sexto sentido de M. Night Shyamalan y con Ringu de Hideo Nakata en la idea de contactarse, comprender y ayudar a aquellas almas que padecen la pugna del purgatorio, el filme de los Pang tiene un acercamiento con una vuelta de tuerca menos espectacular, pero igualmente intrigante. Pero el suspenso se dilata con las escenas en Tailandia, donde la protagonista realiza un viaje a una comunidad con la intención de resolver el enigma de su don, para dar con un final que marca nuevamente el pesimismo (propio del género) y la voluntad en el argumento que recomienda "dejar las cosas como están". Se deja ver.


4.3.11

La prueba de Judith Vélez














 
La prueba (Perú, 2007) es una cinta donde la heroína aprende a partir de un diagnóstico de sí misma provocado por un factor externo, casi providencial, que le va a dar a su vida y a su modo de describir el mundo una vuelta de tuerca.

Miranda (Ximena Lindo) es una joven limeña que llega a la sierra de Arequipa en busca de su padre (Gianfranco Brero), al parecer un tipo de pasado como prontuariado y que permanece en la clandestinidad, y a quien no ve hace más de veinte años. La tensión del reencuentro y la búsqueda de respuestas a crisis familiares se dan en un escenario rural, donde dos intrusos debaten sus problemas desde un ángulo ajeno al contexto en el que viven.

La directora Judith Vélez se vale de panorámicas para dar forma a un territorio olvidado por las lluvias, sobre todo al inicio, del trayecto de Lima a la sierra arequipeña, al viaje de Lindo a ese nuevo lugar insólito en su cotidianeidad. Vélez relaciona la sequía de la región con algún castigo divino. Al hacerlo, el viaje de la protagonista no sólo es personal o de aprendizaje, sino que intenta también dar cuenta de un aspecto social del pueblo azotado por embates climáticos. A través de esta contradicción simbólica entre carencia/abundancia, o de sequía/lluvia, es que la cineasta establece un juego de códigos también entre los personajes. Si no llueve, no habrá soluciones ni respuestas.

A pesar de algunos desaciertos (dirección de arte en los flashback, el didactismo inicial, algo de melodrama en las vueltas al pasado en torno al terrorismo o a la crisis de los ochenta), La prueba es una cinta que levanta en sus última media hora, debido a ese tímido develamiento de máscaras de los personajes. La cinta remata con una respuesta mística, donde el determinismo divino decide lo que somos y lo que haremos.

3.3.11

Las películas de mi madre















Mi madre no es cinéfila, mucho menos una espectadora frecuente. Es lo que se dice una persona que muchos años atrás tenía al cine como uno de sus principales eventos sociales, sin embargo, fue captada por las facilidades del Betamax y la videocasetera. Fue el inicio de final de mi vida como "acompañante" y el comienzo de una ruta lejos de ella, pero cercana a las salas de cine desde otro punto de vista menos familiar y nostálgico. Sin exagerar, puedo decir que mi madre me pegó al cine; desde que tengo recuerdos la veo haciendo la cola en el cine Metro o República, del centro de Lima, mientras la esperaba en un rincón, o la veo siendo tragada por la muchedumbre al revender entradas agotadas para Los cazafantasmas en la puerta del cine Capitol de Breña, porque al entrar a la sala teníamos asientos separados, y así no valía la pena. No era la voz. Mi mamá no tiene idea de lo que propició.

No recuerdo la primera película que me llevó a ver, pero suelo decir un lugar común: Bambi. La vimos en el cine Diamante de Jesús María, quizás la sala de cine a la que más he ido en toda mi vida, y recuerdo el temor ante las luces apagadas y al telón, el monstruoso telón.

Pero lo que más recuerdo de su tímida afición al cine fue su pasión por las películas peruanas, ver su ciudad en ella, los barrios, los personajes urbanos avezados, sórdidos y reconocibles en los vecinos de la cuadra, en la amiga del fin de semana, en los compañeros de trabajo. Su favorita es Maruja en el infierno, pero ignoro por qué.

Lo que sí me queda claro es que mi madre fue cómplice de una experiencia hito, llevarme a ver Duna de David Lynch, hecho que siempre menciono como brutal, pues la vi a los seis años. No me pareció aburrida sino obscena, una película macabra de hombres venenosos y repugnantes que levitaban y hablaban sobre cosas crueles. El estallido de mi vida cinéfila, sin lugar a dudas.

Feliz cumple.




2.3.11

Almost (un)real: películas sobre bandas ficticias. Parte 2.















Stardust (1974) o El ídolo de Michael Apted propicia la existencia de Jim MacLaine y su banda The Stray Cats (que luego cobraría vida "real"). El actor y cantante David Essex, que en la cinta tiene como amigos a Keith Moon, el baterista de The Who y al productor Dave Edmunds, interpreta a un rockero en ascenso y caída. Esta cinta es una secuela de That’ll Be The Day, realizada un año antes, y en la cual participó Ringo Starr. Salvo por la anécdota, colabora para que Apted sea un director del montón.



Es inevitable mencionar a This is Spinal Tap, la estupenda cinta de Rob Reiner, que dirigió en 1984. Un mockumentary creativo, que describe con ligereza las peripecias de unos veteranos heavies británicos de gira por EEUU.



Airheads del efectivo Michael Lehmann, media en la onda de This is Spinal Tap, pero claro, con la clara ficción de ser una cinta sobre la estupidez e ingenuidad de un grupo de chicos que se hacen llamar The lone rangers (Brendan Fraser, Steve Buscemi y Adam Sandler), quienes van a la cárcel por secuestrar a un productor y DJ de radio para que les ayude a difundir un demo. Aparece en la película Lemmy de Motörhead.



Velvet goldmine, de Todd Haynes, cuestiona la figura de la estrella de rock en su melancolía, snobismo y soledad. Ewan McGregor es un rockero, que se inspira en Iggy Pop, quien lleva una amistad dual con Brian Slade (en el único buen papel de Jonathan Rhys-Meyers), parecido a David Bowie. Color, fabulación, fulgor. Aparecen miembros de The Verve, Suede y Radiohead.




1.3.11

Almost (un)real: películas sobre bandas ficticias. Parte 1.
















¿Qué es más atractivo en una película sobre rock: que tenga como protagonistas a ídolos de "mentira" que se burlan del sistema, o que las megaestrellas asalten la pantalla? ¿Que se simule ese estilo de vida con personajes irreales pero verosímiles o que Michael Jackson o Britney Spears se vanaglorien de forzar las mejores tomas? Aunque la historia de cine está repleta de cantantes y grupos en las más disímiles aventuras (algunas de ellas en viajes interiores o psicodélicos), las cintas que más han quedado en el imaginario del cine pegado a la música son aquellas donde se recrea con ironía o nostalgiaese entorno de éxito y caída.

La televisión hizo lo propio en algunas series de dibujos animados como The Archies (1968), que vio la luz  gracias a Don Kirshner (el creador de The Monkees), sobre la vida de un grupo de muchachos que se pasaban los días ensayando en su barrio de Rivardale. Ron Dante le puso voz al meloso hit Sugar, sugar, que hizo que la serie sobreviviera más de diez años de programación. En este mismo estilo se ubica a Jossie & the Pussycats (1970), trío frívolo de chiquillas creado por Hanna-Barbera. Luego se hizo un remake para el cine con actores de carne y hueso.

Pero yendo al grano de este post, en Beyond the valley of the dolls, el mítico Russ Meyer nos adentra en el universo dionisíaco de una play-mates que tocan y cantan bajo el aura del desenfreno psicodélico. Ellas son las Carrie Nations: sueltas, desenfrenadas, y como dijera el cineasta, poseedoras del poder "neumático". En la cinta, las Carrie Nations se van de viaje de negocios a Los Angeles, pero sin encontrar más que puros seres bizarros y losers, lo que confirmaría que como banda no sólo no tenían mucha suerte sino poco talento. Las canciones de esta banda se convirtieron en objeto de culto.




Un caso aparte es el Fantasma del Paraíso (1974), una de las obras maestras de Brian de Palma y una de mis cintas de culto personal, mezcla de El retrato de Dorian Gray, Fausto y El fantasma de la ópera, pero en versión musical glam y psicodélica, bajo el flujo de los setentas y su estética pop, con algo de puesta de escena hitchcockniana notable.

Punto aparte. Recuerdo que la primera vez la vi en un canal de señal abierta, en la madrugada, y que la grabé en un casete de VHS. Se la presté a una amiga asegurándole que se trataba de una gema musical, pero me la devolvió desencantada porque "se notaba que la había grabado de tele"; teníamos quince años quizás.De todas formas, es una de las cintas que más he visto en mi vida, me desborda, porque la siento divertida, naif, y a la vez inteligente en su crítica sutil al mundillo oculto del rock formado por esotéricos personajes.

En esta película no sólo se parodia a grupos como The beach boys o Kiss, sino al fanatismo y a la performance grandilocuente de algunos conciertos. Desde sus primeros minutos, Fantasma del paraíso es una delicia, sino recordar el logo de la disquera ficticia Death records, que da vueltas en la pantalla a la manera de un disco de 45 rpm, así como la aparición de ese grupete llamado Juicy Fruits en pleno casting. La música compuesta por Paul Williams deviene en una de las bandas sonoras más originales y coherentes con el universo visual que se propone. Palabra de fan.