5.12.10

Duna de David Lynch











Corría el año 1984, y mi madre creyendo que se trataba de una cinta con las mismas características que La guerra de las galaxias, me llevó a ver Duna. La situación no sería extraña si no hubiera tenido en ese entonces seis años. Después de la proyección quedaría en mi memoria, en un lugar especial, el nombre de David Lynch, por haber legado a mis pesadillas a un par de personajes tan crueles como inquisidores. Quedé maravillada por aquel universo oscuro de mujeres: reinas calvas y niñas malas con ojos enteramente azules.

Lynch rechazó la propuesta de George Lucas de dirigir El regreso del Jedi y en cambio aceptó el contrato ofrecido por Dino de Lauretiis para hacerse cargo de Duna, mega producción basada en la novela de Frank Herbert, que según Arthur C. Clarke es la historia más rica, complicada e importante que haya surgido del género de la ciencia-ficción.

Esta tercera cinta de Lynch es un condensado de intrigas palaciegas, a los Shakespeare, mesianismo cosmológico y hoscos gusanos gigantes a domar. Duna se aleja notablemente de las demás cintas de ciencia-ficción por su atmósfera decadente, obtusa, críptica. Lynch crea el espacio para los choques entre tribus de ideales medievales, un collage, posmoderno de zares, emperatrices, brujas, coroneles en escenarios barrocos pero también estrambóticos. El caracter anacrónico.

La idea de avance y tecnología que se tiene del cine futurista no tiene aquí egos. Los robots más sofisticados se mueven como sacacorchos y son nada más que autómatas deslucidos. Una nave espacial luce paredes de cuero y pan de oro. Un adolescente ávido de la Sci-fi más portentosa desdeñaría sus FX. No hay mutantes ni ET, sólo seres humanos en castas, que sobrevive a una clua de poderes.

Los personajes tienen perfil pobre (un defecto, ya que algunos aparecen en únicas escenas,) y son buenos y malos, y es precisamente en el campo dentro de estos últimos, donde encontramos al Lynch de siempre. Por eso son memorables los Harkonnen, encabezados por el barón torvo e inflado, que encarna Keneth McMillan, inolvidable en una escena en su palacio dontde trata sus pústulas faciales.

Duna se ha convertido en una película de culto, tanto por ser una malversación de la obra de Herbert, casi un agravio, producto de un guión de dos horas cuando la novela pedía por lo menos un trilogía, como por los serios problemas de conctinuidad narrativa, el uso de una voz en off explicativa y por los efectos especiales mecánicos.

3.12.10

Morceaux de conversations avec Jean-Luc Godard de Alain Fleischer











Se trata de un documental imprescindible para devotos del cineasta francés. Dirigido por el documentalista francés Alain Fleischer, la película permite escuchar a Godard en diversas entrevistas con amigos y estudiantes sobre la concepción de sus instalaciones en el centro Pompidou, donde funge de curador. Godard habla de su búsqueda de nuevos horizontes estéticos (hay un memorable juego denominado Bonus/Malus a partir de imágenes o secuencias de películas a las cuales aprueba o desaprueba, entre ellas Perros de la calle de Tarantino, como parte de su teoría de lenguaje cinematográfico) mientras se le ve armando su muestra para el centro Pompidou. Godard habla sobre cine, historia, el conflicto Israel-Palestina, sobre arte y otros temas contemporáneos de modo muy personal.

Morceaux de conversations avec Jean-Luc Godard (Francia, 2007) se centra en el trabajo de Godard en su  proyecto audiovisual y de profundidad teórica, al que acostumbra indagar. En una secuencia se le ve conversando con el actor Jean Narboni sobre la idea superponer una imagen de Hitler sobre una imagen de Golda Meir, para terminar en la foto de un árabe palestino carbonizado. Godard se afana en la provocación, en el revuelo que causará su propuesta: "el horror deja sólo otro horror", señala. Pero la secuencia que menciono resulta anecdótica ante las ideas congruentes y fascinantes que se plasman en esta cinta de uno de los directores más importantes y creativos de la historia del cine. Feliz día.

2.12.10

Apaga la tele














Si bien Actividad paranormal 2 y La reunión del diablo son dos películas fallidas, aún tienen la oportunidad de dar ideas sobre terror y pantallas de TV en este blog. Es decir, en ambas las pantallas van a captar lo que en otras condiciones es imposible ver, pero a diferencia de otras cintas de terror, el televisor o la pantalla son meros vehículos de información,que arman cuadros expresivos de texturas y ángulos solamente. Sistemas de vigilancia que de alguna manera resultan gratuitos: en Actividad paranormal 2, aquel que coloca el circuito cerrado por seguridad jamás lo revisa y en La reunión del diablo, los vigilantes lo toman como mero objeto que va a centralizar la visión de los sucesos. Siempre estamos viendo a "las víctimas" desde arriba, como si fuéramos, de alguna manera, el ojo de Dios, el que vigila y que no hace nada.

Pero hay otras cintas, donde los televisores o pantallas han ocupado un espacio como vehículo del mal, es decir como puertas al infierno, al miedo, o simplemente elementos de puente entre el mundo de los vivos y el de los muertos. O algo más oscuro, en sus señales, el reflejo del inconciente o la crítica al sistema mediático.

Videodrome de David Cronenberg. Lo mejor, la tele que cobra vida de modo carnal. Los mejores labios de la historia del cine.



Poltergeist de Tobe Hopper. Esta escena fue un total éxito entre todos aquellos que nos dormíamos con la tele encendida y en plena madrugada nos sorprendía el fastidioso ruido de la ausencia de señal.



Ringu de Hideo Nakata. La idea del video de VHS maldito que más ha funcionado. Cuarenta segundos que luego permitieron que Sadako salga de la tele.



Tesis de Alejandro Amenábar. Snuff movies y cinefilia. Una de las películas que más me perturban sobre la afición de "ver".

1.12.10

¿En qué se parecen Actividad paranormal 2 y La reunión del diablo?















Para empezar, Actividad paranormal 2 me parece la segunda parte más horrorosa que haya visto en años. Sin emoción, con una historia manida de por medio, como para el kinder del terror. Una estafa afianzada en la expectativa que te provee la noche a través del circuito cerrado de vigilancia, el voyeur permanente que ve por ver.

Si bien la primera parte no era la gran cosa cinematográficamente hablando, esta secuela dirigida por Tod Williams resulta de lo más anodina, simple, sin gracia. Menos hablo del final, tan aburrido de sí mismo. Y yendo al grano, ¿en qué se parece esta película con la otra gracia de Shyamalan llamada La reunión del terror? En que los personajes latinos son, pues, los que llevan el estandarte de la superstición como parte de su genealogía cultural. Mexicano o latino es igual a ser hijo de chamán o curandero, a creyente irracional de los poderes del diablo, de la macumba frenética de ajos y cebollas.

En Actividad paranormal 2, Martina (Vivis Cortéz) es una empleada doméstica que advierte a la familia de la llegada de malos espíritus a la casa. Ante el escepticismo del hombre de la familia, ella queda despedida con todos sus cachivaches y amuletos. Es sacada de la casa porque coloca la duda primaria, lo elemental, aquello en que no creen los otros.

En La reunión del diablo, el actor Jacob Vargas encarna a Ramírez, un vigilante de edificio que ante el encierro forzoso de cinco personas en un ascensor, recuerda un cuento oral superticioso de su lugar de origen, que habla del regreso del diablo a la tierra. Ramírez es el personaje narrador en primera persona, un hilo conductor que se desvanace poco a poco para luego aparecer sin mayores razones. Su relato abre, interrumpe y cierra el filme, pero su participación no deja de tener ese tufo de prejuicio que parece señalar que en esta parte del mundo aún mantenemos vivo la cultura popular de muertos que penan, diablos y demás rarezas celestes y oscuras. Aquí sabemos, por lo menos,cuando viene y se va el diablo.

La película de Ramírez

30.11.10

Ed Wood de Tim Burton















 
Más allá de la torpeza innata de Tor Johnson, del pulpo de goma, de los diálogos inefables sobre la onmipotencia de Dios sobre la ciencia, estaba la figura de un tipo que alucinaba con los mismos problemas autorales que Orson Welles, de un cineasta en estado puro, para quien hacer cine, sea como fuere, era una necesidad vital.

Tim Burton se apodera del estilo de la serie B, con sus barridos, sus créditos de técnopor,para narrar los pormenores, el detrás de cámara de la vida del peor cineasta de la historia del cine, Edward D. Wood Jr. Con un impecable blanco y negro, que permite recrear con fidelidad escenas de varias películas que dirigiera con absoluta pasión este "autor", Ed Wood es un compedio de las barbaridades que hiciera este personaje en el nombre del cine, que cata con sutilezas la exaltación de la que se veía apoderado, al fundar una conjunción extrema entre la voluntad de expresarse y la incapacidad para plasmar eso en los fotogramas.

Lo interesante de este tributo es que Burton muestra el entorno de este icono del cine de culto y la serie Z, domindo por actores, productores, amigos y amantes que comulgaban con su manera peculiar de entender el cine. No sólo eran completamente trash sus historias, decorados, las tomas pirateadas de otras cintas que insertaba en las suyas, sino todo su reparto, liderado por un Bela Lugosi morfinómano y empobrecido, tan inexpresivo, por no decir fracasado e ingenuo, como los demás del reparto.

En ese juego del cine dentro del cine, Burton nos acerca a través de una mirada compasiva, hacia la personalidad bizarra del director de La novia del átomo, encarnado por Johnny Depp, actor con carisma y versatilidad, cualidades necesarias para acercarnos a ste señor de bigotitos, y evitar acusarlo de hacer tan malas obras ya que nunca dejó de ser tan buena gente. Esa es la magia de Burton, que escarba entre lo más descabellado, logrando sacar extractos de ternura, y aunque suene exagerado, un poco de admiración por aquel personaja que soñaba con furor con obras maestras y lo infame es que creía que ya las había filmada.

Ed Wood no es sólo un homenaje a las cintas de serie B, Z, a mitos como Lugosi, a ese imaginario de robots, monstruos y naves espaciales sino también un eslabón más de esa cadena que lleva al universo de lo oscuro que está a la vuelta de la esquina de Hollywood de los años cincuenta, a la fantasiosa vida de un excluido, un marginal a la orden de la filmografía burtoniana, la analogía ideal para medir la cinefilia, la locura por el cine.

29.11.10

El imperio contraataca














Este no es un post sobre la película en sí. Hace unos días murió el cineasta estadounidense Irvin Kershner, el director de cintas tan dispares como El imperio contraataca, Nunca digas nunca jamás, de la saga de James Bond, Robocop 2 o Los ojos de Laura Mars, con guión de John Carpenter. No exagero si menciono que Kershner fue un discreto cineasta cumplidor de filmes de encargo, donde mostraba eficiencia y nada más. Incluso hay gente que piensa que El imperio contraataca sigue siendo una película de George Lucas, como lo es La guerra de las galaxias (y que con los años y los nuevos episodios denominaron Una nueva esperanza), por lo que su aporte, hasta en ese entonces trilogía, practicamente queda difuminado.

No cabe duda que Kershner hizo la mejor cinta de toda la saga (incluyendo a los tres nuevos episodios), llena de tensión sexual entre los protagonistas, y porque dejaba más en claro ese halo a tragedia griega futurista, sobre todo en aquella memorable escena de pelea entre padre e hijo. Ya luego todo lo que este cineasta hizo después resulta un ejercicio inocuo.
 

Debo haber visto esta cinta en algún cine de barrio a comienzos de los ochenta, pues la ciudad se preparaba para el estreno de El regreso del Jedi en 1983, y era común que algunas películas con segundas partes quedaran dando vueltas en carteleras barriales como para calentar motores. Han Solo anulado a la mitad de la película, Luke perdido en un desierto y Leia con los otros haciendo lo que pueden son imágenes que quedaron como mi idea del fracaso a los seis años. Peor, ver a Luke gritando no del dolor de la mano mutilada, sino de enterarse que Vader es su padre es una de las tomas más conmovedoras cuando apenas se está entrando al gusto por ver películas. Creo que Kershner descanza en paz.



El imperio contraataca



Los ojos de Laura Mars


28.11.10

Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton












Por Mónica Delgado

Cuando Teresa de Lauretis toma como inicio de su propuesta teórica a la obra de Lewis Carroll en su famoso ensayo de semiótica y género Alicia ya no, sostiene que el mundo del espejo ¨no es el lugar del reverso simétrico, sino el espacio del discurso y de la asimetría, cuyas reglas arbitrarias se esfuerzan por apartar al sujeto, Alicia, de toda posibilidad de identificación naturalista¨. De esta manera, leemos como Alicia se va distanciando a partir del lenguaje ¨que está poblado de las intenciones de los otros¨ de un entorno en apariencia normal, prolijo, hacia otro donde no tiene el control de nada. Si Carroll proponía a través de un estilo anárquico, donde las palabras inventadas se asumen como parte de este mundo subterráneo, anárquico y al revés lleno de Jabberwock, Tarrant o Tweedledee, Tim Burton lo hace a través de polaridades más marcadas, entre un mundo de afuera y otro de adentro a través del ludismo de sus imágenes.

Tim Burton no necesita de los neologismos y juegos lógicos del libro, él se queda más acá, requiere de las convenciones de un lugar de ¨buenos y blancos¨y otro de ¨malos y rojos¨. Tim Burton no quiere recuperar el filme de Disney ni la oscuridad de esa joya que hizo Svankmajer, sino que le apetece mostrar cómo ese ¨wonderland¨ resiste el pastiche, la mofa, el absurdo más antojadizo sin perder el argumento original de la obra de Carroll.

Alicia en el país de las maravillas es una película subvalorada en la medida que se compara a las otras versiones anteriores y al mismo universo burtoniano, lo que resulta un desmedro.  Sin embargo, esta última cinta de Burton ofrece una perspectiva algo maniquea y moralista que resulta jugosa. Primero, me interesa cómo es que Burton se detiene en describir ese mundo de modales, de apariencias y reticencias en que vive Alicia en su normalidad, tratando de presentar una paráfrasis con los personajes que luego desenreda cuando ya Alicia desciende.  De alguna manera, el retorno al hogar y al recuerdo paterno tienen que ver con la pureza y atavismos de la reina blanca, el camino correcto. Mientras que el lado tortuoso, el del corazón y de las rojas pasiones es el lado al que hay que decapitar. La Alicia de Burton es una joven que intenta ir en busca de sus recuerdos perdidos pero a la vez busca reencontrarse con su lado más inocente y acorde a las necesidades de los nuevos tiempos. No hay tolerancia con lo extraño, con lo que transgrede, porque allí Alicia se perdería.  Un cuento moral definitivamente.(Publicado en La ventana indiscreta).

27.11.10

La reunión del diablo de John Erick Dowdle














Esta cinta producida por M. Night Shyamalan tiene algunos aciertos, contados, y que se van desvaneciendo conforme avanza el metraje. Cinco desconocidos quedan atrapados en el ascensor de un edificio, ya observado por la policía a causa de un suicidio. El investigador a cargo del caso vive apesadumbrado por la muerte de su esposa e hijo en un accidente de tránsito, razón por la cual se ve afectado en su trabajo por esta situación afectiva. En este contexto, es atrapado por el relato de un vigilante de ascendencia mexicana, quien le dice que en su pueblo, su madre le contó la historia del regreso corpóreo del diablo y que, al parecer, tiene relación con los sucesos del ascensor.

La cinta se desarrolla sobre una idea del mismo Shyamalan, del regreso en forma humana del diablo, que viene a cobrar vidas de aquellos que han merecido una invitación al infierno. Lo mejor de la cinta es su comienzo, tomas invertidas de Filadelfia, como una materialización "directa" del mundo al revés, un cielo de rascacielos, paisajes de edificios que poco a poco logran la abstracción, dando la intención del viaje del diablo desde las profundidades de la tierra. Pero, lo que también resulta interesante - o  risible- es esta idea del diablo que viene a la tierra a dar lecciones de moral, a buscar la justicia que Dios se ha ahorrado.



En La reunión del diablo se nota la mano de Shyamalan, sobre todo en los primeros minutos, pero luego la cinta vira, imagino que por su culpa, hacia una idea trascendental del perdón y la compasión que resulta manida. La reunión del diablo me recuerda a Identity de James Mangold en sus trampas y vacíos.


26.11.10

Gael García Bernal

















Si los años cincuenta tuvieron a Ricardo Montalbán, los sesenta a Anthony Quinn y los noventa a Andy García, por ejemplo y sin hacer comparaciones, en el inicio del nuevo siglo la figura de Gael García Bernal se asomó con velocidad como representante de actores latinos que ocupan un lugar visible dentro del panorama hollywoodense y europeo. Gael no sólo es famoso por su apariencia o por haber sido incluido en la revista People en español como uno de los artistas mejores vestidos o como el soltero más deseado (aunque también apareció como una de “Las 50 bellezas latinas”), sino que su modo de actuar de perfil bajo, casi sinuoso, prolijo, sin exageraciones ni demasiado histrionismo le permitieron salir de México e incursionar fuera con trabajos que resultaron atractivos.

Como en el caso de Diego Luna, Gael ni se acerca a la imagen de macho latino o galán top model,  sino que se queda en la imagen de joven tranquilo, en algunos casos timorato, con arranques de vehemencia pero sobre todo dispuesto a mostrar sus dotes actorales a través de la diversidad de los papeles que le tocaron: desde un travesti en La Mala Educación hasta el mísmisimo Che Guevara en Diarios de Motocicleta.

Existen dos películas capitales en la vida actoral de Gael García Bernal: Amores perros (2000) e Y tu mamá también (2001), que significaron el despegue de su carrera y la llegada de propuestas para hacer cine en el extranjero. En ambos filmes encarna a personajes adolescentes, de diferentes clases sociales, sin norte, que andan un poco a la deriva, en exploración y libres de problemáticas más profundas. Amores perros fue un éxito y ganadora de diversos premios lo que le significó una ventana al mundo, donde encarnó a Octavio, en el episodio mejor logrado del film, sin embargo la fama de la película de Alfonso Cuarón le dio ese toque de desenfreno juvenil, la de los “charolastras”, lo que propició el trabajo en siguientes películas no sin menos polémica.

García Bernal realizó en el año 2002 El crimen del padre Amaro, donde personificó a un joven cura que sufría con no poca moral devaneos amorosos, para luego en La mala educación (2004), dirigida por Pedro Almodóvar, volver a ingresar en un universo ficcional de sotanas y recuerdos, y donde demostró su versatilidad bajo los ojos del manchego. Tuvo papeles también en La ciencia del sueño (2006), en Babel (2006), Ensayo sobre la ceguera (2008) pero sin mayor repercusión. También participó en filmes deplorables, como en Vidas privadas de Fito Páez, quizás uno de sus trabajos más flojos.

La carrera de García Bernal ha estado alejada de las comedias románticas y de las cintas de acción, ya que no son lo suyo, aunque en los roles que le tocaron lo catalogan como “completo”, ya que siempre apostó por filmes de diverso estilo y género.  

25.11.10

Ingrid Pitt



Me acabo de enterar que se murió hace unos días Ingrid Pitt, una actriz que solía condensar mi manera de entender lo vampírico como voluptuoso, carnal y lúbrico, sobre todo marcado por el ambiente tan anacrónico o gótico de las películas producidas por la Hammer. No es que se trate de una actriz de relevancia actoral, porque Pitt no lo era, sino más bien de una presencia distinguible en los entornos de los Christopher Lee y demás viriles de colmillos babosos y sanguinolientos. Pitt era más que un vampiro, era una gata nocturna, una mujer de grandes pechos casi al descubierto en el mundo oscuro de Transilvania.


Dos cintas importantes en su carrera, sino las únicas: The vampire lovers (1970) de Roy Ward Baker, adaptación del relato Carmilla de Sheridan Le Fanu (sobre una vampiresa con sed de venganza), que introduce en el subgénero los tópicos de desnudos y lesbianismo, y Countess Dracula (1971) de Peter Sasdy, una versión de la vida de la condesa Erzsébet Báthory, atractivo personaje que ha inspirado a poetas, músicos y cineastas.

Según la película, ambientado en la Hungría del siglo XVIII, la condesa Elisabeth Nádasdy (Ingrid Pitt) comienza a matar a muchachas para poder bañarse con su sangre y así recuperar la lozanía que ya viene perdiendo. Junto a su amante, el capitán Dobi (Nigel Green), acumulan crímenes y litros de sangre, hasta que se aburre y decide suplir a la hija ausente.

Cuenta el mito, que en la parte final del rodaje de esta cinta apareció un descendiente de la histórica condesa: “Si hubiese acudido a nosotros con anterioridad podría haber sido de mucha ayuda. Él tenía un montón de archivos familiares en su poder. Yo hablé varias veces por teléfono con él, y tenía una gran cantidad de historias que contarnos acerca de ella (la condesa). Algún tiempo después, cuando junto a Christopher Lee viajamos a Rumania, vimos el lugar donde la condesa fue amurallada. Según los campesinos, aún puedes escuchar a la condesa decir: ´Déjenme salir´”, dijo Pitt. No le creo nada, pero qué importa, por lo menos Pitt me ayudó a darle cuerpo a ese personaje tan perverso. Valió la pena.

La condesa Drácula (1970)



The vampire lovers (1971)

24.11.10

Machete de Robert Rodríguez y Ethan Maniquis



El falso trailer era el intermedio de la chacota en el Grindhouse de Tarantino, un entusiasta homenaje a los típicos avances sensacionalistas del cine continuado, con el antihéroe salido de la mitología del macho mexicano feo y apócrifo, que se levanta gringas y que combate de modo salvaje a los carteles de droga infaltables en clásicos del género.  Narcos, fronteras y viejas bellas. Narcorridos, tacos y balas en minutos llenos de excentricidades y extremos que incluyen a santos y devotos. Machete (EEUU, 2010) es la misma fórmula del falso trailer pero extendida a dos horas de delirio fallido.


Resulta hilarante como la dupla Robert Rodríguez y Ethan Maniquis (editor de Planet Terror) plantea un alegato burlón o cínico contra la política migratoria hacia los latinos de EEUU, a través de la figura del renegado y su entorno marginal, en su revancha sanguinaria, no sólo por una venganza familiar sino por el símbolo de la mano de obra barata sumisa e ilegal que hay que defender.


Robert Rodríguez se pasa de atrevido al mencionar que Machete está inspirada en los personajes de varias películas de John Woo, lo que puede significar cualquier cosa. La figura del asesino frío y calculador es destrozada en Machete como si se tratar de recomponer un rompecabezas de escenas con salidas fáciles, como aduciendo que el disparate lo permite todo. Un desperdiciado Robert de Niro y un Don Johnson para el olvido. El viejo recurso de resucitar a actores aquí no tiene gracia.


Lo mejor de Machete es la secuencia en el hospital, donde Danny Trejo escapa por las ventanas aferrado a las vísceras elásticas de uno de sus contricantes. Así como la presencia de Michelle Rodríguez tuerta y reivindicada a los papeles duros con los que suele contribuir en Hollywood. Por otro lado, Machete como figura de pocas palabras, que no sabe enviar mensajes de textos, que habla de modo masticado, como si le hubieran volado el cerebelo es una delicia. Pero como que de retazos o chispazos está hecha la cinta, no más. Mejor volvamos a la real serie B.

Mejor el fake trailer


23.11.10

Kim ki duk


Desde su primer acercamiento al cine como director y guionista, el agua es un elemento de ilación del elaborado universo simbólico de Kim ki duk, como catalizador o lugar primario donde se terminan saciando los deseos. El agua acompaña las decisiones más simples y brutales de sus personajes: un hombre yace muerto por culpa de un pescado helado y filudo clavado en su abdomen. Otro, intenta escapar de morir ahogado partiéndose el dedo que lo impide zafarse de las esposas. Muy cerca al agua también una mujer tiene un anzuelo prendido de la vagina y otra, muy joven, se casa con un anciano arquero a través de un ritual colorido sobre una embarcación en medio de la nada. 

Al tener al agua y a los personajes más humanos en su brutalidad y enajenación como leit motiv, desde Crocodile de 1996 hasta El arco de 2005, el surcoreano supo, a través también de una puesta de escena que se fue "limpiando" poco a poco (sino recordemos el estilo "pop" asiático o muy  "ochentoso" de Wild animals o la experimentación con la cámara en mano de Real fiction, aunque sus primeros minutos consisten en su más grande aproximación al estilo definitivo que luciría ya en los 2000) a transmitir toda una lógica donde priman las pulsiones, el deseo satisfecho de manera antojadiza e inmediata pero también vital y elemental, lo que en instantes nos evoca a aquella muchacha que se masturba con un cachorro en Domicilio desconocido, o el tipo que es ayudado a sacar con cuidado el anzuelo atrapado en su garganta en La isla.

Así como el papel del agua fue significativo en una etapa de su filmografía, como las playas en Bad guy o Time o como la laguna que encierra y acoge a los personajes en Primavera, verano, otoño, invierno…y otra vez primavera, el cine de Kim ki duk viró en los últimos años, de la mano con un estilo austero y minimal (de planos estáticos o grandes panorámicas y a la vez cámaras en espacios intimistas e intimidadores como cárceles (Breath, 2007) u casas deshabitadas), hacia la exploración de historias con personajes fantasmales, secos, mudos, despojados de teatralidad, pero sirviendo aún a uno de sus temas capitales: el amor como entrega extrema. Desde La Isla o Bad guy pasando por Samaritan girl,  El espíritu de la pasión, Time o la reciente Dream (2008), Ki duk plasmó en la década reciente un entorno memorable para las relaciones más extrañas que haya prodigado el cine de los últimos tiempos. 

Resulta interesante evaluar los logros de la carrera de este cineasta a lo largo de sus 16 filmes, desde Crocodile, donde es evidente sus más caros temas sobre el amor sui generis, mezcla de perversión y santidad, el perdón y la reconciliación, y sobre la caída de outsiders que viven en la fosa de la marginalidad, hasta Dream, donde la sofisticación de su propuesta llega ya a otro universo vital como es el sueño. Lo onírico bajo su ojo se convierte en una paráfrasis de la prisión de El espíritu de la pasión o en la cárcel para presos condenados a la pena de muerte en Breath. Ki duk es uno de los autores que ha puesto su marca en Occidente mostrando un cine coherente, lleno de los mismos motivos y obsesiones, y sin dejar de agotar sus más caras obsesiones.